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• EL CAMINO A CRISTO

01 El Amor De Dios Por La Humanidad 02 La Mas Urgente Necesidad Del Hombre
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• HAY QUE DESPERTAR A LA GENTE

Estando en Loma Linda, California, el 16 de Abril de 1906, pasó delante de mi una de las más asombrosas escenas. En una visión de la noche, yo estaba sobre una altura desde donde veía las casas sacudirse como el viento sacude los juncos. Los edificios, grandes y pequeños, se derrumbaban. Los sitios de recreo, los teatros, hoteles y palacios suntuosos eran conmovidos y derribados. Muchas vidas eran destruidas y los lamentos de los heridos y aterrorizados llenaban el espacio.

Los ángeles destructores, enviados por Dios, estaban obrando. Un simple toque, y los edificios construidos tan sólidamente que los hombres los tenían por resguardados de todo peligro quedaban reducidos a un montón de escombros. Ninguna seguridad había en parte alguna. Personalmente, no me sentía en peligro, pero no puedo describir las escenas terribles que se desarrollaron ante mi vista. Era como si la paciencia de Dios se hubiese agotado y hubiese llegado el día del juicio.

Entonces el ángel que estaba a mi lado me dijo que muy pocas personas se dan cuenta de la maldad que reina en el mundo hoy, especialmente en las ciudades grandes. Declaró que el Señor ha fijado un tiempo cuando su ira castigará a los transgresores por su persistente menoscabo de su ley.

Aunque terrible, la escena que pasó ante mis ojos no me hizo tanta impresión como las instrucciones que recibí en esa ocasión. El ángel que estaba a mi lado declaró que la soberanía de Dios, el carácter sagrado de su ley, deben ser manifestados a los que rehúsan obstinadamente obedecer al Rey de reyes. Los que prefieran quedar infieles habrán de ser heridos por los juicios misericordiosos, a fin de que, si posible fuere, lleguen a percatarse de la culpabilidad de su conducta".


Visión de una Terrible Destrucción

En la mañana del viernes pasado, justamente antes de despertar, se me presentó una escena sumamente impresionante. Tuve la sensación de que despertaba del sueño en un lugar que no era mi casa. Desde las ventanas veía una terrible conflagración. Grandes bolas de fuego caían sobre las casas, y de ellas salían dardos encendidos que volaban en todas direcciones. Era imposible apagar los incendios que se producían, y muchos lugares estaban siendo destruidos. El terror de la gente era indescriptible. Desperté después de cierto tiempo y descubrí que estaba en mi hogar".


Las Ciudades Populosas Serán Barridas

En todas partes hay hombres que deberían ocuparse en el ministerio activo y dar el último mensaje de amonestación a un mundo caído. Aún no se ha ralizado la obra que desde hace mucho tiempo ha debido llevarse a cabo para ganar almas para Cristo. Se ha descuidado cruelmente a los habitantes de las ciudades impías que dentro de tan poco tiempo serán visitadas por calamidades. Falta poco para que las grandes cuidades sean barridas, de manera que todos deben ser amonestados acerca de la inminencia de estas calamidades. ¿Pero quién pone en el cumplimiento de esta obra el celo sincero que Dios requiere?

Actualmente no se realiza ni la milésima parte de lo que debería efectuarse en la tarea de trabajar en las ciudades, y de lo que se haría si los hombres y las mujeres cumplieran cabalmente con su deber".


Destrucción de Millares de Ciudades

Ojalá que el pueblo de Dios tuviera una noción de la destrucción inminente de millares de ciudades, ahora casi entregadas a la idolatría!".


Apresurad la Obra

Mientras considero las condiciones reinantes en las ciudades, que tan manifiestamente se hallan bajo el poder de Satanás, me hago la pregunta: ¿Cuál será el fin de estas cosas? La maldad en muchas ciudades está creciendo. El crimen y la iniquidad dominan por doquiera. Nuevas especies de idolatría se introducen continuamente en la sociedad. En toda nación, la mente de los hombres es atraída por la invención de alguna cosa nueva. La temeridad en los hechos y la confusión de los pensamientos aumentan en todas partes. Ciertamente las ciudades de la tierra están llegando a ser como Sodoma y Gomorra.

Como pueblo, necesitamos acelerar la obra en las ciudades, que ha sido obstaculizada por la falta de obreros, medios y espíritu de consagración. En este tiempo, el pueblo de Dios necesita volver el corazón plenamente a Él, pues el fin de todas las cosas está cerca. Necesitan humillar sus mentes, y estar atentos a la voluntad del Señor, trabajando con fervoroso deseo, en aquello que Dios ha mostrado que debe ser hecho, a fin de amonestar a las ciudades con respecto a su ruina inminente".El Evangelismo: 25-26

CONTENDING FOR THE FAITH WHICH WAS ONCE DELIVERED UNTO THE SAINTS. ~ CONTENDIENDO POR LA FE QUE FUE UNA VEZ DADA Á LOS SANTOS. JUDAS 1: 3.

BIBLIA Y ESPIRITU DE PROFECIA

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• ¿QUÉ DEBO HACER PARA SER SALVO?

Posted by CLAMOR Del TERCER ANGEL Saturday, January 16, 2010






¿QUÉ DEBO HACER PARA SER SALVO?


Muchos se formulan la misma pregunta que hicieron las multitudes el día de Pentecostés, cuando convencidos de su pecado, exclamaron: “¿Qué haremos?”  Pedro respondió y declaró: “Arrepentíos” (Hechos 2:37-38).
     Hay muchos que no entienden la naturaleza verdadera del arrepentimiento.  Gran número de personas se entristecen por haber pecado y aún se reforman exteriormente, porque temen que su mala vida les acarree sufrimientos.  Pero esto no es arrepentimiento en el sentido bíblico.  Lamentan la pena mas bien que el pecado.
     La Biblia no enseña que el pecador deba arrepentirse antes de poder aceptar la salvación de Cristo: “¡Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso!” (Mateo 121:28).  La virtud que viene de Cristo es la que guía a un arrepentimiento genuino.  San Pedro habla del asunto de una manera muy clara en su exposición a los israelitas, cuando dice: “A éste, Dios le ensalzó con su diestra para ser Príncipe y Salvador, a fin de dar arrepentimiento a Israel, y remisión de pecados” Hechos 5:31.  No podemos arrepentirnos sin que el Espíritu de Cristo despierte la conciencia, más de lo que podemos ser perdonados sin Cristo.
     Cristo es la fuente de todo buen impulso.  El es el único que puede implantar en el corazón enemistad contra el pecado.  Todo deseo de verdad y de pureza, toda convicción de nuestra propia pecaminosidad, es una prueba de que su Espíritu está obrando en nuestro corazón.
     Mas cuando el corazón cede a la influencia del Espíritu de Dios, la conciencia se vivifica y el pecador discierne algo de la profundidad y santidad de la sagrada ley de Dios, fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra.  “La Luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo” (Juan 1:9), ilumina las cámaras secretas del alma y se manifiestan las cosas ocultas.  La convicción se posesiona de la mente y del corazón.  El pecador tiene entonces conciencia de la justicia de Jehová y siente terror de aparecer en su iniquidad e impureza delante del que escudriña los corazones.  Ve el amor de Dios, la belleza de la santidad y el gozo de la pureza.  Ansía ser purificado y restituido a la comunión del cielo.
     Jesús dijo: “Yo, si fuere levantado en alto de sobre la tierra, a todos los atraeré a mí mismo” Juan 12:32.  Cristo debe ser revelado al pecador como el Salvador que muere por los pecados del mundo; y cuando consideramos al Cordero de Dios sobre la cruz del Calvario, el misterio de la redención comienza a abrirse a nuestra mente y la bondad de Dios nos guía al arrepentimiento.  Al morir Cristo por los pecadores, manifestó un amor incomprensible; y ese amor, a medida que el pecador lo contempla enternece el corazón, impresiona la mente e inspira contrición en el alma.
     Usted puede resistir a este amor, puede rehusar ser atraído a Cristo.  Y cuando usted contemple al Salvador en la cruz se maravillará y preguntará: “¿Qué hizo este hombre para merecer la muerte?”  La respuesta es, por causa del pecado.  El pecado es la razón por la cual Cristo tuvo que morir.  ¿Pero qué es pecado?  La transgresión de la ley (1 Juan 3:4).  ¿Cuál ley?  Los diez mandamientos de la ley de Dios.
     Cuando estos diez mandamientos son examinados, viene a ser claro que nadie los ha guardado perfectamente y por tal motivo todos hemos cometido pecado y merecemos la muerte (Romanos 3:23; 6:23).  Pero al examinar la perfecta vida de Cristo, es descubierto que El guardó todos los mandamientos de su Padre y no pecó;  así que ¿por qué tuvo El que morir en una cruz?  Porque el Padre envió a Jesús a la tierra para salvar a los pecadores de la penalidad de la muerte.
     El pecador entonces, vino a darse cuenta del tremendo amor que Dios el Padre tiene para con él, al enviar a su Hijo Unigénito para que sea el substituto por la penalidad del pecado, y que Jesús debe amarlo a él tremendamente para que también de buena voluntad sufriese la crucifixión.  Este también llega a percibir que si nadie hubiese quebrantado jamás la ley de Dios, entonces no hubiera sido necesario que Cristo muriera.
     El pecador también llega a comprender que por haber escogido pecar, es básicamente culpable de colocar al Salvador sobre la cruz y matarlo.  Ante esta realidad, su corazón comienza a quebrantarse y a sentir que sin el perdón de sus pecados está perdido.  Así que, todo el plan de redención - Cristo como nuestro Redentor, Substituto, y Sumo Sacerdote ante Dios para remisión de pecados - comienza a abrirse ante sus ojos.  Ve que Cristo es su única esperanza de salvación, el eslabón de conexión entre Dios y el hombre, el único que puede tender un puente sobre el abismo que el pecado ha hecho, y traerlo de vuelta a la comunión y armonía con Dios y su ley otra vez (1 Juan 1:9).
     De este modo, aparte del amor por Dios y Cristo, una elección es hecha, no quebrantar nunca más la ley de Dios.  ¿Pero cómo? Puede usted preguntarse.  ¿”Cómo puedo no pecar nunca más”?  ¿Cómo hizo Cristo mientras estaba en la tierra para resistir la tentación a cada paso?  Fue por fe que Cristo recibió la fuerza y la gracia de su Padre para ser capaz de vencer la tentación y resistir al pecado.  Cristo resistió todas las propuestas de Satanás al tener la ley de Dios escrita en su corazón, y entonces fue un hacedor de la voluntad de Dios (Salmos 40:8, 119:11).  Del mismo modo, cada pecador, al ejercitar la misma fe en Dios como lo hizo Cristo, tendrá su ley escrita en su corazón y le será dada la gracia y la fuerza de Dios a través de Cristo, para ser capaz de vencer toda tentación y resistir todos los avances de Satanás, porque él sigue y es, un hacedor de la voluntad de Dios.
     De esta manera, por todo el amor a Dios y a Jesucristo a quien El ha enviado, es que el pecador determina guardar la ley de Dios y llegar a ser un hacedor de su voluntad.  Y la justicia de Cristo llega a ser suya por la fe, Dios viene a ser su Padre y él su hijo (1 Corintios 6:14-18).  Así que, la realidad viene a ser clara, que la ley de Dios es una transcripción de su carácter y que Cristo es la gloria y la justicia de aquella ley.
     Si usted anhela algo mejor que lo que este mundo puede dar, reconozca este deseo como la voz de Dios que habla a su alma, pídale que le dé arrepentimiento, que le revele a Cristo en su amor infinito y en su pureza perfecta.  En la vida del Salvador quedaron perfectamente ejemplificados, los principios de la ley de Dios y el amor a Dios y al hombre.  La benevolencia y el amor desinteresado fueron la vida de su alma, contemplándolo, nos inunda la luz de nuestro Salvador y podemos ver la pecaminosidad de nuestro corazón y anhelar que Cristo nos limpie y llene con su dulce Espíritu.
     Usted puede pensar que su vida ha sido muy buena, que su carácter es perfecto y que no necesita humillar su corazón delante de Dios como el pecador común, pero cuando la luz de Cristo resplandezca en su alma, verá cuán impuro es; discernirá el egoísmo de sus motivos y la enemistad contra Dios, que ha manchado todos los actos de su vida.  Entonces conocerá que su propia justicia es en verdad  como andrajos inmundos (Isaías 64:6), y que solamente la sangre de Cristo puede limpiarlo de las manchas del pecado y renovar su corazón a su semejanza.
     Un rayo de la gloria de Dios, un destello de la pureza de Cristo que penetre en el alma, hace dolorosamente visible toda mancha de pecado y descubre la deformidad y los defectos del carácter humano.  Hace patentes los deseos impuros, la infidelidad del corazón y la impureza de los labios.  Ningún pecado cometido puede ser ocultado, pero permanecerá contra nosotros en el juicio a menos que nos arrepintamos y sea cubierto por la sangre de Cristo.  Todos los actos de deslealtad al quebrantar la ley de Dios no pueden ser ocultados, sino que serán expuestos ante el pecador bajo la influencia investigadora del Espíritu Santo de Dios.  Bajo esta convicción, su espíritu es abatido, y se detesta a sí mismo cuando ve el puro e inmaculado carácter de Cristo.
     Si percibe su condición pecaminosa, no espere hacerse mejor usted mismo.  ¡Cuántos hay que piensan que no son bastante buenos para ir a Cristo!  ¿Espera hacerse mejor por sus propios esfuerzos? (Jeremías 13:23).  Hay ayuda para usted solamente en Dios.  No debe permanecer en espera de persuasiones más fuertes, de mejores oportunidades o de caracteres más santos.  Nada puede hacer por usted mismo.  Debe ir a Cristo tal como es.
     ¡Pero no espere mucho!  Pero nadie se engañe a sí mismo con el pensamiento de que Dios, en su grande amor y misericordia, salvará aún a aquellos que rechazan su gracia.  La excesiva corrupción del pecado puede conocerse solamente a la luz de la cruz.  Cuando los hombres insisten que Dios es demasiado bueno para desechar a los pecadores, miren al Calvario.  Fue porque no había otra manera en que el hombre pudiese ser salvo, porque sin este sacrificio era imposible que la raza humana escapara del poder contaminador del pecado y se pusiera en comunión con los seres santos, imposible que los hombres llegaran a ser partícipes de la vida espiritual;  fue por esta causa por lo que Cristo tomó sobre sí la culpabilidad del desobediente y sufrió en lugar del pecador.  El amor, los sufrimientos y la muerte del Hijo de Dios, todo da testimonio de la terrible enormidad del pecado y prueba que no hay modo de escapar de su poder, ni esperanza de una vida más elevada, sino mediante la sumisión del alma a Cristo.
     Adán y Eva se persuadieron de que por una cosa de tan poca importancia, como comer la fruta prohibida, no podrían resultar tan terribles consecuencias como Dios les había declarado.  Pero esta cosa tan pequeña era la transgresión de la santa e inmutable ley de Dios; separaba de Dios al hombre y abría las compuertas de la muerte y de miserias sin número sobre nuestro mundo.  El cielo mismo ha sentido los efectos de la rebelión del hombre contra Dios.  El Calvario está delante de nosotros como un recuerdo del sacrificio asombroso que se requirió para expiar la transgresión de la ley divina.  No consideremos el pecado como cosa trivial.  El pecado costó el precio infinito de la vida del Hijo de Dios, a fin de redimir a la humanidad de éste.
     Muchos aceptan una religión intelectual, una forma de santidad, sin que el corazón esté limpio.  Sea su oración “¡Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí!” Salmos 51:10.  Sea leal con su propia alma.  Sea tan diligente, tan persistente, como lo sería si su vida mortal estuviera en peligro.  Este es un asunto que debe arreglarse entre Dios y su alma.  Una esperanza supuesta, y nada más, llegará a ser su ruina.
     Estudie la Palabra de Dios con oración.  Esa Palabra le presenta, en la ley de Dios y en la vida de Cristo, los grandes principios de la santidad, sin la cual  “nadie verá al Señor” Hebreos 12:14.  Convence de pecado; revela plenamente el camino de la salvación.  Préstele atención como a la voz de Dios que le habla a su alma y cuando obedezca a ésta, será limpiado y estará libre del poder del pecado a través del poder y la obra de Dios en su vida.  ¿”Con qué limpiará el joven su camino?  Con guardar tu Palabra” Salmos 119:9.

     “...Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” Filipenses 2:12-13.

     Cuando vea la enormidad del pecado, cuando se vea como es en realidad, no se entregue a la desesperación.  Pues a los pecadores es a quienes Cristo vino a salvar.  No tenemos que reconciliar a Dios con nosotros, sino ¡oh maravilloso amor!  “Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo” 2 Corintios 5:19.  El está solicitando por su tierno amor los corazones de sus hijos errados.  Ningún padre según la carne podría ser tan paciente con las faltas y yerros de sus hijos como lo es Dios con aquellos a quienes trata de salvar.  Nadie podría argüir más tiernamente con el pecador.  Jamás labios humanos han dirigido invitaciones más tiernas que El al extraviado.  Todas sus promesas, sus amonestaciones, no son sino la expresión de su indecible amor.
     Cuando Satanás viene a decirte que eres un gran pecador, mira a tu Redentor y habla de sus méritos.  Reconoce tu pecado, pero di al enemigo que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15) y que puedes ser salvo por su incomparable amor.  Hemos sido grandes deudores pero Cristo murió para que fuésemos perdonados.  Los méritos de su sacrificio son suficientes para presentarlos al Padre en nuestro favor.  Aquellos a quienes ha perdonado más, lo amarán más, y estarán más cerca de su trono alabándolo por su grande amor e infinito sacrificio.  Cuanto más plenamente comprendemos el amor de Dios, más nos percatamos de la pecaminosidad del pecado.  Cuando vemos cuán larga es la cadena que se nos ha arrojado para rescatarnos, cuando entendemos algo del sacrificio infinito que Cristo ha  hecho en nuestro favor, el corazón se derrite de ternura y contrición.
     Es necesario arrepentirnos de nuestros pecados (vea Proverbios 29:1; Lucas 13:2-5; Apocalipsis 2:5), pero si no avanzamos más allá del arrepentimiento por el pecado, esto no aprovechará de nada.  Debemos hacer “frutos dignos de arrepentimiento” Lucas 3:8.  En otras palabras, debemos abandonar y poner lejos nuestros pecados (vea Proverbios 28:13; Efesios 4:17-32).  Pero no vamos a posponer la obra de abandonar nuestros pecados y buscar pureza de corazón a través de Jesús, porque el pecado por muy pequeño que pueda ser visto, sólo puede ser gratificado con el peligro de nuestra alma.  Porque si no vencemos, obraremos nuestra propia destrucción.  Si elegimos pecar, somos siervos del pecado y esclavos de su creador - el diablo - (vea Juan 8:34; Romanos 6:16; 2 Pedro 2:19; 1 Juan 3:8).  Y la paga que el diablo da a sus siervos no es suficiente para vivir - “porque la paga del pecado es muerte” - (Romanos 6:23).  Pero si escogemos servir a Dios, entonces seremos libres del pecado a través de Cristo.  Y lo que Cristo da a sus fieles seguidores es suficiente para vivir - “porque la dádiva de Dios es vida eterna a través de Cristo Jesús, Señor Nuestro” Romanos 6:23.
     Pero toda transgresión, todo descuido o rechazo de la gracia de Cristo, obra indirectamente sobre nosotros; endurece el corazón, deprava la voluntad, entorpece el entendimiento y no solamente nos hace menos inclinados a ceder, sino también menos capaces de ceder a la tierna invitación del Espíritu de Dios.
     Un solo rasgo malo de carácter, un solo deseo pecaminoso, acariciado persistentemente, neutraliza a veces todo el poder del Evangelio.  Toda indulgencia pecaminosa fortalece la aversión del alma hacia Dios.  El hombre que manifiesta un descreído atrevimiento o una impasible indiferencia hacia la verdad, no está sino segando la cosecha de su propia siembra.  En toda la Biblia no hay amonestación más terrible contra el hábito de jugar con el mal, que las palabras del hombre sabio,  cuando dice “Prenderán al impío sus propias iniquidades” Proverbios 5:22.
     Cristo está pronto para libertarnos del pecado, pero no fuerza la voluntad; y si por la persistencia en el pecado la voluntad misma se inclina enteramente al mal y no deseamos ser libres, si no queremos aceptar su gracia, ¿qué más puede hacer?   Hemos obrado nuestra propia destrucción por nuestro deliberado rechazo de su amor.  Pero esta terrible condenación no necesita ser su destino.
     “...Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores; de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15).  “He aquí ahora es el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).  “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” Hebreos 3:7-8.    








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¡MARANATA, CRISTO Viene Ya, SALID a Recibirle!
Mat. 25: 6; Apoc. 14; 18; Amós 4: 12.

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Dondequiera que los hombres descuiden el testimonio de la Biblia y se alejen de las verdades claras que sirven para probar el alma y que requieren abnegación y desprendimiento del mundo, podemos estar seguros de que Dios no dispensa allí sus bendiciones. Y al aplicar la regla que Cristo mismo dio: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16), resulta evidente que estos movimientos no son obra del Espíritu de Dios. Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 517, 518.







LA SEÑAL DE ENTRADA EN EL REINO DE DIOS





Cristo ha hecho del bautismo una señal de entrada en su reino espiritual. El ha hecho de esto una positiva condición con la cual deben cumplir todos los que quieren que se reconozca que están bajo la autoridad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Antes que el hombre pueda encontrar un hogar en la iglesia, antes de traspasar el umbral del reino espiritual de Dios, ha de recibir la impresión del nombre divino: "JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA". (Jer. 23:6).





El bautismo es una solemne renuncia al mundo. Los que son bautizados en el triple nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el momento de entrar en la vida cristiana, declaran públicamente que han abandonado el servicio de Satanás, y han llegado a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Han obedecido el mandamiento: "Salid de en medio de ellos, y apartaos. . . y no toquéis lo inmundo". Y para ellos se cumple la promesa: "Y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso" (2 Cor. 6:17,18) (Testimonies, tomo 6, pág. 91. Año 1900; o pág. 97).











Cuando los cristianos se someten al solemne rito del bautismo, el Señor registra el voto que hacen de serle fieles. Este voto es su juramento de lealtad. Son bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Así están unidos con los tres grandes poderes del cielo. SE COMPROMETEN A RENUNCIAR AL MUNDO PARA OBSERVAR LAS LEYES DEL REINO DE DIOS. POR LO TANTO, HAN DE ANDAR EN NOVEDAD DE VIDA. NO HAN DE SEGUIR MÁS LAS TRADICIONES DE LOS HOMBRES. NO HAN DE SEGUIR POR MÁS TIEMPO MÉTODOS DESHONESTOS. HAN DE OBEDECER LOS ESTATUTOS DEL REINO DE DIOS. HAN DE BUSCAR EL HONOR DE DIOS. SI SON FIELES A SU VOTO, SERÁN PROVISTOS DE GRACIA Y PODER QUE LOS HABILITARÁ PARA CUMPLIR CON TODA JUSTICIA."A TODOS LOS QUE LE RECIBIERON, LES DIO POTESTAD DE SER HECHOS HIJOS DE DIOS, A LOS QUE CREEN EN SU NOMBRE" (Carta 129, 1903).











En la parábola, las vírgenes prudentes tenían aceite en las vasijas de sus lámparas. Su luz ardió con llama viva a través de la noche de vela. Cooperaron en la iluminación efectuada en honor del esposo. Brillando en las tinieblas, contribuyeron a iluminar el camino que debía recorrer el esposo hasta el hogar de la esposa, para celebrar la fiesta de bodas.
Así los seguidores de Cristo han de verter luz sobre las tinieblas del mundo. Por medio del Espíritu Santo, la Palabra de Dios es una luz cuando llega a ser un poder transformador en la vida del que la recibe. Implantando en el corazón los principios de su Palabra, el Espíritu Santo desarrolla en los hombres los atributos de Dios. La luz de su gloria -SU CARÁCTER- ha de brillar en sus seguidores. ASÍ ellos han de glorificar a Dios, han de iluminar el camino a la casa del Esposo, a la ciudad de Dios, a la cena de bodas del Cordero.
La venida del esposo ocurrió a medianoche, es decir en la hora más oscura. De la misma manera la venida de Cristo ha de acontecer en el período más oscura de la historia de esta tierra. Los días de Noé y Lot pintan la condición del mundo precisamente antes de la venida del Hijo del hombre. Las Escrituras, al señalar este tiempo, declaran que Satanás obrará con todo poder y "con todo engaño de iniquidad".* Su forma de obrar es revelada claramente por las TINIEBLAS QUE VAN RÁPIDAMENTE EN AUMENTO, POR LA MULTITUD DE ERRORES, HEREJÍAS Y ENGAÑOS DE ESTOS ÚLTIMOS DÍAS. No solamente está Satanás cautivando al mundo, sino que sus mentiras están leudando las profesas iglesias de nuestro Señor Jesucristo. LA GRAN APOSTASÍA SE DESARROLLARÁ HASTA LLEGAR A LAS TINIEBLAS DE LA MEDIANOCHE, IMPENETRABLES COMO NEGRO SACO DE CILICIO. Para el pueblo de Dios será una noche de prueba, una noche de lloro, una noche de persecución por causa de la verdad. PERO EN MEDIO DE ESA NOCHE DE TINIEBLAS, BRILLARÁ LA LUZ DE DIOS.
El hizo que "de las tinieblas resplandeciese la luz".* Cuando "la tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la haz del abismo", "el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz: y fue la luz".* DE LA MISMA MANERA, EN LA NOCHE DE LAS TINIEBLAS ESPIRITUALES, ES EMITIDA LA ORDEN DIVINA: "SEA LA LUZ". EL DICE A SU PUEBLO: "LEVANTATE, RESPLANDECE, QUE HA VENIDO TU LUMBRE, Y LA GLORIA DE JEHOVÁ HA NACIDO SOBRE TÍ"*
"HE AQUÍ -dicen las Escrituras- QUE TINIEBLAS CUBRIRÁN LA TIERRA Y OSCURIDAD LOS PUEBLOS: MAS SOBRE TI NACERA JEHOVÁ, Y SOBRE TI SERÁ VISTA SU GLORIA".*
EL MUNDO ESTÁ ENVUELTO POR LAS TINIEBLAS DE LA FALSA CONCEPCIÓN DE DIOS. LOS HOMBRES ESTÁN PERDIENDO EL CONOCIMIENTO DE SU CARÁCTER, EL CUAL HA SIDO MAL ENTENDIDO Y MAL INTERPRETADO. EN ESTE TIEMPO, HA DE PROCLAMARSE UN MENSAJE DE DIOS, UN MENSAJE QUE ILUMINE CON SU INFLUENCIA Y SALVE CON SU PODER. SU CARÁCTER HA DE SER DADO A CONOCER. SOBRE LAS TINIEBLAS DEL MUNDO HA DE RESPLANDECER LA LUZ DE SU GLORIA, DE SU BONDAD, SU MISERICORDIA Y SU VERDAD.
Esta es la obra bosquejada por el profeta Isaías en las palabras: "LEVANTA FUERTEMENTE TU VOZ, ANUNCIADORA DE JERUSALÉN; LEVÁNTALA, NO TEMAS; DI A LAS CIUDADES DE JUDÁ: ¡VEIS AQUÍ EL DIOS VUESTRO! HE AQUÍ QUE EL SEÑOR JEHOVÁ VENDRÁ CON FORTALEZA, Y SU BRAZO SE ENSEÑORERARÁ: HE AQUÍ QUE SU SALARIO VIENE CON ÉL, Y SU OBRA DELANTE DE SU ROSTRO".
Aquellos que esperan la venida del Esposo han de decir al pueblo: " ¡VEIS AQUÍ EL DIOS VUESTRO!" LOS ÚLTIMOS RAYOS DE LUZ MISERICORDIOSO, EL ÚLTIMO MENSAJE DE CLEMENCIA HA DE DARSE QUE HA DE DARSE AL MUNDO, ES UNA REVELACIÓN DE SU CARÁCTER DE AMOR. Los hijos de Dios han de manifestar su gloria. En su vida y carácter han de revelar lo que la gracia de Dios ha hecho por ellos.
La luz del Sol de Justicia ha de brillar en buenas obras, en palabras de verdad y hechos de santidad.
Cristo, el resplandor de la gloria del Padre, vino al mundo como su luz. Vino a representar a Dios ante los hombres, y de él está escrito que fue ungido "de Espíritu Santo y de potencia" y "anduvo haciendo bienes". En la sinagoga de Nazaret dijo: "El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: me ha para enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados: para predicar el año agradable del Señor". Esta era la obra que él recomendó a sus discípulos que hicieran. "Vosotros sois la luz del mundo", dijo él: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos". Esta es la obra que el profeta Isaías describe cuando dice: "¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes metas en casa; que cuando vieres al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu carne? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salud se dejará ver presto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia".
De esta manera, en las noches de tinieblas espirituales, la gloria de Dios ha de brillar por medio de su iglesias, al levantar ésta a los quebrantados y consolar a los dolientes.
En torno de nosotros, por todas partes se oyen los lamentos de tristeza del mundo. Por doquiera están los necesitados y afligidos. A nosotros nos toca ayudarlos a aligerar y suavizar las durezas y la miseria de la vida.
La obra práctica tendrá mucho más efecto que el mero sermonear. Hemos de dar alimento al hambriento, vestir al desnudo y proteger al que no tiene hogar. Y se nos llama a hacer más que esto. Únicamente el amor de Cristo puede satisfacer las necesidades del alma. Si Cristo habita permanentemente en nosotros, nuestros corazones estarán llenos de divina simpatía. Las fuentes selladas del amor fervoroso, semejante al de Cristo, serán abiertas.
Dios nos pide para los necesitados no sólo nuestros dones, sino un semblante alegre, palabras llenas de esperanza un bondadoso apretón de manos. Cuando Cristo sanaba a los enfermos, colocaba sus manos sobre ellos. De la misma manera debemos nosotros colocarnos en intimo contacto con aquellos a quienes tratamos de beneficiar.
Hay muchas personas que han perdido la esperanza. Devolvedles la luz del sol. Muchos han perdido su valor. Habladles alegres palabras de aliento. Orad por ellos. Hay personas que necesitan el pan de vida. Leedles de la Palabra de Dios. Muchos están afectados de una enfermedad del alma que ningún bálsamo humano puede alcanzar y que ningún médico puede curar. Orad por esas almas. Llevadlas a Jesús. Decidles que hay bálsamo en Galaad y que también hay allí Médico.
La luz es una bendición, una bendición universal que derrama sus tesoros sobre un mundo ingrato, impío, corrompido. Tal ocurre con la luz del Sol de Justicia. Toda la tierra, envuelta como está en las tinieblas del pecado, del dolor y el sufrimiento, ha de ser iluminada con el conocimiento del amor de Dios. Ninguna secta, categoría o clase de gente ha de ser privada de la luz que irradia del trono celestial.
El mensaje de esperanza y misericordia ha de ser llevado a los confines de la tierra. El que quiere, puede extender la mano y asirse del poder de Dios, y hacer paz con él, y hallará paz. Ya no deben los paganos seguir envueltos en las tinieblas de medianoche. La lobreguez ha de desaparecer ante los brillantes rayos del Sol de Justicia. El poder del infierno ha sido vencido.
Pero ningún hombre puede impartir lo que él mismo no ha recibido. En la obra de Dios, la humanidad no puede generar nada. Ningún hombre puede por su propio esfuerzo convertirse en un portaluz de Dios. Era el áureo aceite vertido por los mensajeros celestiales en los tubos de oro, para ser conducido del recipiente de oro a las lámparas del santuario, lo que producía una luz continua, brillante y resplandeciente. Es el amor de Dios continuamente transferido al hombre lo que lo capacita para impartir luz. En el corazón de todos los que están unidos a Dios por la fe, el áureo aceite del amor fluye libremente, para brillar en buenas obras, en un servicio real y sincero por Dios.
En la inconmensurable dádiva del Espíritu Santo se hallan contenidos todos los recursos del cielo. No es por causa de restricción alguna por parte de Dios por lo que las riquezas de su gracia no fluyen hacia la tierra, a los hombres. Si todos tuvieran la voluntad de recibir, todos serían llenados de su Espíritu.
Es el privilegio de toda alma ser un canal vivo por medio del cual Dios pueda comunicar al mundo los tesoros de su gracia, las inescrutables riquezas de Cristo. No hay nada que Cristo desee tanto como agentes que representen al mundo su Espíritu y carácter. No hay nada que el mundo necesite tanto como la manifestación del amor del Salvador mediante la humanidad. Todo el cielo está esperando que haya canales por medio de los cuales pueda derramarse el aceite santo para que sea un gozo y una bendición para los corazones humanos.
Cristo ha hecho toda provisión para que SU iglesia sea un cuerpo transformado, iluminado con la Luz del mundo, que posea la gloria de Emmanuel. Es su propósito que todo cristiano esté rodeado de una atmósfera espiritual de luz y paz. Desea que nosotros revelemos su propio gozo en nuestra vida.
La morada del Espíritu en nuestro corazón se revelará por la manifestación del amor celestial. La plenitud divina fluirá a través del agente humano consagrado, para ser luego transmitida a los demás.
El Sol de Justicia "en sus alas traerá salud". Así también de todo verdadero discípulo ha de emanar una influencia productora de vida, valor, utilidad y verdadera sanidad.
LA RELIGIÓN DE CRISTO SIGNIFICA MAS QUE EL PERDÓN DEL PECADO; SIGNIFICA LA EXTIRPACIÓN DE NUESTROS PECADOS Y EL HENCHIMIENTO DEL VACÍO CON LAS GRACIAS DEL ESPÍRITU SANTO. Significa iluminación divina, regocijo en Dios, Significa un corazón despojado del yo y bendecido con la presencia permanente de Cristo. Cuando Cristo reina en el alma, hay pureza, libertad del pecado. Se cumple en la vida la gloria, la plenitud, la totalidad del plan evangélico. La aceptación del Salvador produce un resplandor de perfecta paz, y amor perfecto, de perfecta seguridad. La belleza y fragancia del carácter de Cristo, reveladas en la vida, testifican de que Dios ha enviado ciertamente a su Hijo al mundo, para ser su Salvador.
CRISTO NO PIDE QUE SUS SEGUIDORES LUCHEN POR BRILLAR. EL DICE: DEJAD QUE BRILLE VUESTRA LUZ. Si habéis recibido la gracia de Dios, la luz está en vosotros. Quitad los impedimentos, y la gloria del Señor se revelará. La luz brillará, para penetrar y disipar las tinieblas. No podéis dejar de brillar en vuestra esfera de influencia.
La revelación de su propia gloria en la forma humana, acercará tanto el cielo a los hombres que la belleza que adorne el templo interior se verá en toda alma en quien more el Salvador. Los hombres serán cautivados por la gloria de un Cristo que mora en el corazón. Y en corrientes de alabanza y acción de gracias procedentes de muchas almas así ganadas para Dios, la gloria refluirá al gran Dador.
"Levántate, resplandece; que ha venido tu lumbre, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti". Este mensaje se da a aquellos que salen al encuentro del Esposo. Cristo viene con poder y grande gloria. Viene con su propia gloria y con la gloria del Padre. Viene con todos los santos ángeles. Mientras todo el mundo esté sumido en tinieblas, habrá luz en toda morada de los santos. Ellos percibirán la primera luz de su segunda venida. La luz no empañada brillará del esplendor de Cristo el Redentor, y él será admirado por todos los que le han servido. Mientras los impíos huyan de su presencia, los seguidores de Cristo se regocijarán. El patriarca Job, mirando hacia adelante, al tiempo del segundo advenimiento de Cristo, dijo: "Al cual yo tengo de ver por mí mismo, y mis ojos le mirarán; y ya no como a un extraño". Cristo ha sido un compañero diario y un amigo familiar para sus fieles seguidores. Estos han vivido en contacto íntimo, en constante comunión con Dios. Sobre ellos ha nacido la gloria del Señor. En ellos se ha reflejado la luz del conocimiento de la gloria de Dios . en la faz de Jesucristo. Ahora se regocijan en los rayos no empañados de la refulgencia y gloria del Rey en su majestad. Están preparados para la comunión del cielo; pues tienen el cielo en sus corazones.
Con cabezas levantadas, con los alegres rayos del Sol de Justicia brillando sobre ellos, regocijándose porque su redención se acerca, salen al encuentro del Esposo, diciendo: "HE AQUÍ ÉSTE ES NUESTRO DIOS, LE HEMOS ESPERADO, Y NOS SALVARÁ".
"Y oí como la voz de una grande compañía, y como el ruido de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: Aleluya: porque reinó el Señor nuestro Todopoderoso. Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y su esposa se ha aparejado... Y él me dice: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena del Cordero". El "es el Señor de los señores, y el Rey de los reyes: y los que están con él son llamados, y elegidos, y fieles".












DIOS SALVARÁ AL REMANENTE FIEL











"Pregunto: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, descendiente de Abrahán, de la tribu de Benjamín.







Dios no ha desechado a su pueblo, a quien de antemano conoció. ¿No sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo se queja ante Dios contra Israel?:







'Señor, han dado muerte a tus profetas, han destruido tus altares, yo solo he quedado, y procuran matarme'.







Y, ¿cuál fue la divina respuesta? 'ME HE RESERVADO SIETE MIL HOMBRES, QUE NO HAN DOBLADO LA RODILLA ANTE BAAL'.







ASÍ TAMBIÉN, EN ESTE TIEMPO HA QUEDADO UN REMANENTE ELEGIDO POR GRACIA.







Y si es por gracia, ya no es en base a las obras. Si fuera por obras, la gracia ya no sería gracia.







¿QUÉ PUES? ISRAEL NO ALCANZÓ LO QUE BUSCABA, SINO QUE LOS ELEGIDOS LO ALCANZARON; Y LOS DEMÁS FUERON ENDURECIDOS.







Como está escrito: 'Dios les dio espíritu de sopor, ojos que no vean, y oídos que no oigan, hasta el día de hoy'.







Y David dice: 'Sea vuelta su mesa en lazo y en red, en tropiezo y merecido pago.







'Sus ojos sean obscurecidos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre'. Rom. 11: 1-10.







Abundan la habladuría, el fariseísmo y la vanagloria; pero estos jamás ganarán almas para Cristo. El amor puro, santificado, tal como se manifestó en la vida de Cristo, es como un perfume sagrado; como el perfume del aceite aromático derramado por María Magdalena, llena toda la habitación con fragancia. La elocuencia, el conocimiento, la verdad y los talentos inusuales, mezclados con amor, son todos dones preciosos. Pero ni la habilidad ni los talentos mejor seleccionados pueden por ellos solos ocupar el lugar del amor.
Este amor debe ser manifestado por los obreros del Señor. El amor por Dios y por quienes Cristo ha muerto, hará una obra que escasamente comprendemos. Quienes no aprecian ni cultivan este amor, no pueden ser misioneros de éxito. 6TI 90. 4, 5.







Dondequiera que los hombres descuiden el testimonio de la Biblia y se alejen de las verdades claras que sirven para probar el alma y que requieren abnegación y desprendimiento del mundo, podemos estar seguros de que Dios no dispensa allí sus bendiciones. Y al aplicar la regla que Cristo mismo dio: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16), resulta evidente que estos movimientos no son obra del Espíritu de Dios. Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 517, 518.

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